domingo, 20 de febrero de 2011

Colectivo 102



Yo estaba junto a vos, aterrada, a punto de caer. Y antes de caer, me iba. Cuando hayamos muerto no habrá melodías ni colores. Sólo cenizas que se vuelan, se vuelan. Si no estás, no hay rosado ni labios. Camino por tus labios. No somos fantasmas sin lugar adonde ir. Por la noche, preferimos estar juntos y no adentro de un club social. No adentro de un club, pero ¿podemos…?

Ayer, en mi cama, sola porque me fui, soñé: colectivo 102. Parecía la calle Uruguay, en dirección a tu casa, antes la nuestra. De la que me echaste cien veces sin que ninguna hubieses querido verme ir. Hasta que al fin, un día, sin alma ni tiempo y con el paraguas roto, me fui. Después, mil peleas y más desencuentros. Durante meses, yo iba a buscar cosas y vos salías desesperado. Los dos desesperados por encontrarnos. Los dos desesperados por no habernos encontrado. Y después pasó al revés: mi familia me echó de casa y vos me prestaste la nuestra, que ya era tuya aunque todavía tenía algunas de mis cosas. Ahora eras vos el que decías que vendría a buscar no se qué a la nueva calle de ensueño, era Uruguay pero a la vez ya no lo era. Era otro barrio. Nada que ver. Yo esperaba el 102 para ir ya ni sabía adónde. Cuando pasó de largo, desperté en lo de mamá. Más peleas y gritos. Confusión. Estaba aterrada por los cambios.

Hoy vuelvo a tu casa. Tranquila porque te vas dos meses a trabajar a otra parte y me dejás tu ausencia. Al final sólo podemos estar juntos cuando estamos separados. La ilógica lógica de los sueños me muestra que vos y yo estamos escritos en el futuro sin encontrarnos. Aunque no haya melodías ni colores. Ni rosado ni labios. Es algo parecido al amor.

Dolores Lix Klett
 Buenos Aires, 2011.