domingo, 4 de marzo de 2012

#4


“Nous deux est plus obscene que le Marquis de Sade”, Roland Barthes. 

Pasar por alto el miedo sin cerrar los ojos. Al fin acariciarte, tirarte del pelo, tirarte del pelo. Lamer el borde de tu boca. Besarte. Tocarte. Dedo a dedo. Milimétricamente. Temblar, temblar. El buen amor bien puede ser, a un tiempo, erótico y amoroso. De la sensualidad a la sexualidad, y volver a la sensualidad. A dos cuerpos enfrentados, la oscuridad de la noche los hace uno. Sin entender. Sin escapar. Sin querer saber. Dos extraños. O mejor, antiguos amantes. Mil pensamientos de aquel silencio se hunden en el océano sereno de las noches de verano, pero cerrar las ventanas al afuera. Un silencio renovado. Volver a pensar, volver a preguntarse por el amor, pero sin preguntarse de quién sos, de quién es tu alma, a quién has amado y por qué. Porque nadie es de nadie, porque no son mías esas preguntas que alcanzan a todas las mujeres del mundo. No lo preguntaré. Ya estamos solos, tal y como queríamos. Sin restricciones y en total sumisión, y la sensualidad otra vez deviene sexualidad. Esta noche somos uno del otro; mañana no lo sé. Y sin dormir, porque las horas de los hechizos están contadas para volver a tocarte, a besarte milimétricamente. 

Por la mañana te dejaré partir, sin preguntarte adónde vas. Cerraré los ojos y aguardaré tu regreso, como si el simple deseo pudiera traerte conmigo otra vez. 

Si es que el deseo es simple. Pero no, no es simple.





Dolores Lix Klett 
Buenos Aires, 2011 
(Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia. 
Pero la literatura no es realidad. O bien su realidad es otra)